lunes, 13 de junio de 2011

relato sobre la mentecatez


"Digamos que existen dos tipos de mentes poéticas: una apta para inventar fábulas y otra dispuesta a creerlas". --- Galileo Galilei.

Galileo era un ser extraordinario. Se enfrentó a la inquisición por defender la lógica de la observación y el pensamiento crítico que nace de la reflexión. Se salvó de la hoguera por retractarse en el último momento, aunque tuvo que permanecer confinado dentro de su casa el resto de sus dias. "Y sin embargo se mueve". Fue lo que dijo tras oir su sentencia.

Hay sin embargo seres que continúan pensando que ellos son el centro del universo, que todo gira a su alrededor, como hacen los bebés de pocos meses. No han evolucionado. Estos seres saben rodearse de otros ejemplares tan descerebrados como sumisos que les aúpan en su egocentrismo y les confirman en su visión distorsionada del mundo. Sooooomaaaaaaaaaa.
Son todos tan crédulos que si les dice el "jefe", he visto un burro volando, se lo creen a pies juntillas: los burros vuelan, "el jefe" lo ha dicho. Y así lo van proclamando por el mundo, y sólo los tontos útiles les creen. No se paran a preguntar ni siquiera cuestiones sencillas: ¿sabe "el jefe" lo qué es un burro? ¿se yo lo qué es un burro? ¿volaba por sus medios o con algún aparato? ¿a qué altura iba? ¿cómo pudo distinguir que era un burro? ¿hay algún documento gráfico? ¿hay más casos?
Eso es muy cansado, y es mejor jalear la estupidez ajena, que ponerla en tela de duda. Sooooooomaaaaaaaaaaa.

Cuando veo seres así, no paro de sorprenderme. Me recuerdan tanto a los epsilones, esos personajes sin conciencia de Un mundo feliz (Brave New World) (1931) de Aldous Huxley.que me parece estar completamente dentro de la novela. Sooooooommmmaaaaaaaaaaaaa. Son personajes tan peculiares, pobres ilusos que viven sin preguntarse, sin cuestionarse el por qué de las cosas, el por qué de su simpleza. Y mientras los egocéntricos, les pisotean a su antojo, ellos son felices porque les han dado su ración de soma.

Es lamentable, pero como decía Bukowski en Sé amable:
¿Que no es culpa suya?
¿culpa de quién?
¿mía?
Se me pide que oculte
mi opinión
ante ellos
por miedo a su
miedo.

Viendo toda esta vacuidad mental, no me queda otra que repetir el comienzo de Invictus, (William Ernest Henley )
En la noche que me envuelve,
negra como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable



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