martes, 27 de diciembre de 2011

Su obsesión por integrarse en el grupo, ¿le crea síndrome de rebaño?

27.12.2011Arancha Bustillo





El hombre es un ser social. Un animal que quiere ser aceptado por la manada. Ese instinto por formar parte del grupo se puede trasladar también a los equipos de trabajo. Está demostrado, sobre todo a través de la publicidad y del consumo, que las personas imitamos lo que hacen los demás.

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"Estamos conectados por una conciencia colectiva", afirma Martin Lidinstrom en su libro Así se manipula al consumidor(editoral Gestión 2000). "Evaluamos lo que hacen los individuos que nos rodean y modificamos en consecuencia nuestras propias acciones y comportamientos". Estas teorías, que surgen de la observación de nuestra conducta como compradores también se podrían aplicar a nuestro proceder como trabajadores y compañeros.
Según Lidinstrom, los humanos queremos sentirnos parte del grupo. Y no le faltan ejemplos que reflejan esta necesidad: Desde campañas de márketing que incitan a los consumidores a comprar determinado producto, a experimentos que demuestran que solemos imitar el comportamiento de los demás.  En un equipo de trabajo puede pasar algo parecido. Cuando alguien llega a una empresa tantea a sus compañeros, intenta empaparse del ambiente, hacerse a la rutina del trabajo, a las rarezas del jefe, a los horarios laborales. En definitiva, trata de ser uno más.
Con el consumo pasa algo parecido. La gente se deja guiar por las opiniones de otros: Compran determinados libros porque aparecen como los más vendidos en las listas de las librerías, escuchan a unos cantantes y no a otros, porque son los más mencionados en las listas de los top ten de las tiendas de discos; o prueban una crema específica porque la usan todos sus vecinos. Sabemos dejarnos llevar.
Lidinstrom insiste en que "destacar o ser diferente del resto del mundo suele resultarnos bastante incómodo". Y es que, a pesar de que siempre nos fijemos en nosotros mismos cuando nos descubrimos en una fotografía, por ejemplo, luego tendemos a escrutar al resto de las personas que salen en la imagen para compararnos con los demás. Podemos llegar a edificar una marca personal propia, pero siempre estará basada en la que los demás nos transmiten.
Abundan los estudios que han demostrado que, por instinto, para todas nuestras decisiones observamos el comportamiento de los demás. Parece que impulsivamente creemos que los demás saben más de lo que imaginamos sobre nosotros mismos. Por eso, lo más común es que cuando llegamos a un grupo nuevo de trabajo imitemos los comportamientos de nuestros compañeros para evitar conflictos. Es lo que los psicólogos llaman presión de grupo.
Líder del grupo
Por regla general, el jefe de un equipo es el líder de un grupo y es quien debería guiar a sus colaboradores. Sin embargo, no siempre sucede así. Según la obra de Lidinstrom, los humanos solemos dejarnos llevar por los demás, por aquellos que consideramos mejor informados. Hay incluso investigaciones que demuestran que en un grupo se sigue a los que parece que saben dónde van. Por eso es tan importante que en un equipo de trabajo el jefe sepa el camino que debe tomar su plantilla. Crear una necesidad de encajar y motivar al nuevo es esencial para que un grupo marche bien.
"El poder de encajar es una fuerte motivación. La identidad de grupo es importante". Un buen directivo no es sólo el que sabe llevar las riendas de su equipo, sinoaquel que tiene la capacidad de hacer sentir a los nuevos empleados como parte del grupo. Algo que todos los humanos anhelamos desde nuestra más tierna infancia.




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